Días de guerra

Por Mayte Rauf

Lo observo embelesada, recordando la noche anterior en la que nuestros cuerpos desnudos se rozaron por primera vez. En estos tiempos de guerra el mínimo acto de amor reconforta a cualquiera. Un camarero pasa a mi lado y despierto de mi ensimismamiento de golpe.

La velada en el restaurante con el resto de los militares transcurre como era previsto, aunque solo puedo pensar en lo que ocurrirá a continuación. Me giro de nuevo y me encuentro con sus ojos y una escueta sonrisa en sus labios, puede que él también esté rememorando la noche de ayer.

Las órdenes desde Londres eran claras: conocer bien al general prusiano Von Greim, convertirme en su confidente; pero no enamorarme de él como una quinceañera.

Marcan las once y debo retirarme. Mi perfecto alemán consigue que nadie sospeche de mi verdadera nacionalidad. Me despido del general con una última mirada y me responde con un sutil guiño.

Fuera del local ya está esperando el agente Morrison. Le doy la señal que espera y se coloca en su posición con un arma en la mano.

Yo comienzo a caminar hacia el nuevo destino encomendado por el MI5 y con lágrimas en los ojos.

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