El otro día

El otro día, qué maravillosa combinación de palabras. Qué abarca desde lo que sucedió ayer, hasta lo que pasó quizás hace: 1 mes, 2 meses, 6 meses... no se sabe cuánto. Todo depende del concepto de tiempo que tenga la persona que lo cuenta.

El otro día, estaba paseando con mi padre los dos en silencio, y yo pensaba «¿porque no habla?» He de añadir que aquí donde me veis, que me cuesta callarme una intervención. Soy lo que se dice una persona callada, callada cuando quiero, cuando puedo y cuando me interesa, nunca cuando debo.

Pues ahí estábamos los dos caminando en silencio. No era uno de esos incómodos nunca fuimos de intercambiar muchas palabras, siempre nos sentimos cómodos con el. Pero me parecía curioso que mi mente precisamente divagara sobre el habla.

El otro día, esta vez, es más bien digamos que hace casi un año. Mi padre tuvo un ictus, ahora está bien, si quisiera podría hablar y lo hace pero cuando quiere, qué suele ser más bien en escasas ocasiones. Su frase preferida es callate Mari. Porque ya veis cosas del amor, enamorarse justo de una persona que no calla ni debajo de agua, mientras tu eliges bien tus escasas intervenciones. Ahora la diferencia se ve mucho más clara y yo me rio cada vez que él la manda callar. Antes su falta de palabras no era un problema, ya que podía hablar perfectamente. Sin embargo ahora las palabras que llegan a su mente tardan mucho en salir por su boca haciéndole atrabancar, a veces se juntan todas queriendo salir. Haciendo que las que está buscando en ese momento se pierdan entre la maraña de pensamientos y de conocimientos enterrados.

Porque no es lo mismo ser un adulto con el habla entrenada, que un adulto que ha perdido el habla y tiene que volver aprender lo aprendido.

Así que estuve pensando, y llegue a la conclusión de que claro que no hablaba. Si ya era de pocas palabras antes, ahora que le supone un esfuerzo mayor, normal que no hable.

Así que comencé a darle vueltas sobre qué alicientes podría darle. Había intentado volver a engancharle en la lectura, pero no funciono.

El otro día, esta vez creo que hace 2 o 3 meses Intente leerle en voz alta y que se sumará si se veía con ganas mediante avanzaramos el libro, ese día funcionó, le leí 3 capítulos. Con los que pensé que lo había conseguido. Nunca más volvió a querer, gracias a nuestra gran enemiga la televisión que volvió imposible una tarea ya de por si difícil.

Y ahí estaban las dudas otra vez ¿cómo tratar a un adulto que sabes que ya razona como tal, cuando su comportamiento se asemeja más al de un niño que al de un adulto? 

¿Cómo reprender a un adulto capaz? ¿Que se supone que se debe hacer? ¿Quitarle el mando, ponerle un horario? pero es un adulto. Se supone que los adultos son responsables de sí mismos y de sus actos. Y son quienes deben evaluar si las consecuencias de sus actos merecen la pena a medio y largo término.

Terminamos el paseo y no conseguí sacar ninguna conclusión más, quizás tendría que haberla tenido en voz alta con el. Quizás solo tenía que seguir en ese silencio, que solo se tornaba incómodo cuando me planteaba romperlo. Quizás, quizás quizás. Pues no hay una respuesta correcta ni incorrecta.

Lo único que sé, es que el otro día, que fue ayer. Decidí que sobraban las palabras mientras hubieran risas, abrazos y cariño.

Porque yo con escuchar como dice: "Hombre" cuando me ve aparecer con la sonrisa de lado ya soy feliz.