El tren

A lo lejos veo venir el tren, durante un momento pienso en echarme atrás: volver a casa o coger un autobús. odio el tren, pero me doy ánimos y subo. Entonces me llega un flashback: me veo años atrás con mi maleta a cuestas, es casi tan grande como yo. Me siento como puedo en uno de los asientos para cuatro personas, intentando no ocupar todo el espacio. Al fin, mi mente regresa al presente, en ese momento me dedico a buscar asiento. Lo encuentro al lado en una chica que me recuerda a mí años atrás, supongo que la he visto al entrar y por eso mi mente ha viajado a aquel preciso instante. Me fijo en su ropa: bastante estilosa y por último en sus botas, que me resultan familiares. Me gustaría preguntarle de donde son. Está leyendo un libro, mi curiosidad me puede y me fijo en el título. [Loba negra] me rio en una mueca disimulada: es el mismo que estoy escuchando en ese instante.

Llegamos a Sants, la mayoría de los que estaban en el vagón se bajan, pero la chica permanece quieta. Otros tantos suben, ocupando todos los asientos. Observó a una señora mayor, que se sienta en el lateral, me llama la atención su aire juvenil, a continuación miró a la mujer que se sienta enfrente de mi, es de mediana edad, con rasgos del Este. Odio estar rodeada de tanta gente pero agradezco que sean mujeres. Sigo con mi juego de espía, me fijo en la chica del otro lado. Está mensajeando por el móvil, cosa bastante habitual en el transporte público, lo que me llama la atención es su expresión: escribe muy deprisa con el ceño fruncido, mirando fijamente su pantalla, apuesto a que está discutiendo con alguien. Entonces levanta la vista y su rostro se desencaja.

—¡¿Te parece bonito?! —dice la chica. Yo la miro confusa. Está hablando al hombre que hay en frente suyo.

—Perdona, yo no quería —oigo que responde él en un susurro casi inaudible.

Entonces ella se levanta y grita —¡Que sepáis todos, que este pervertido me estaba enseñando el pene!

»Dame tu DNI para que pueda hacer una denuncia.

Me bajo contigo y te acompaño a comisaría —dice él de forma sumisa.

—Ni lo sueñes, no voy a ninguna parte contigo-dice la chica. Se gira y nos mira a todos —.Mirar bien a este pervertido, no olvidéis su cara.

Entonces él se levanta con la cabeza gacha y se va a otro vagón. Observó la escena perpleja, otro flash me viene a la cabeza. Mi amiga y yo corriendo por el vagón, huyendo de un hombre estaba masturbandose mientras nos miraba. Cuando mi mente vuelve al presente la mujer mayor le está felicitando por sus agallas, le cuenta que cuando era joven también le había pasado algo similar. Las otras dos mujeres también se animan a felicitarla por su valor, contando su historia. Yo alzo la vista y le doy las gracias. Al final, nos damos cuenta de que todas tenemos historias parecidas. Continuamos las cinco charlando e intercambiando vivencias de todo tipo.