Escribir para sanar

En varias ocasiones me he encontrado con personas que al igual que yo usan la escritura como terapia. Muchas compañeras de foroGAM escriben blogs para sanar y ayudar a otros contando su experiencia y su camino en la sanación. En mi caso el blog no solo lo uso a modo de sanación, es también para compartir mi amor por la escritura y spamear un poco para el libro. 

Hace poco vi una entrevista que compartieron en el foro sobre la agilidad emocional. Un libro que ha escrito Susan David. En esta entrevista hablan sobre que es, y como funciona la agilidad emocional. También cuentan el papel que tiene la escritura en la sanación, ya no solo en casos más heavys como los nuestros, si no en todos los ámbitos: estrés, depresión, problemas con la familia, estudios, amor, desamor... todos los ámbitos de nuestra vida donde tendemos a embotellar o incubar las emociones. 

Esto bien podría ser una reseña, pero no me he leído el libro así que me dedicare a citar cosas de la entrevista, ya que me ha parecido muy interesante y me he sentido bastante identificada. Otro libro más que entra en mi lista de deseos, vale que no hago gran cosa, pero tampoco tengo tanto tiempo, para tal cantidad de libros.  

Primero de todo, ¿qué es la agilidad emocional?

La agilidad emocional es la capacidad de conectar y convivir con nuestros pensamientos, emociones, recuerdos y vivencias de forma saludable. El propósito de la agilidad emocional es ayudarnos a vivir siendo coherentes con nuestros valores, no es un "quiero ser feliz". si no conectar con nosotros mismos y con nuestro alrededor, para encaminar nuestra vida hacia la persona que queremos ser. 

En el lado opuesto está la rigidez emocional: es cuando nuestros pensamientos, emociones y recuerdos, nos dirigen y nos conducen de una manera que no se corresponde con nuestra sabiduría interior ni con lo que queremos conseguir realmente. Como por ejemplo cuando una conversación con tu pareja se convierte siempre en una discusión, y puede que no sea un reflejo de lo que quieres de esa relación, pero se convierte en un patrón de actuación en piloto automático. 

¿De dónde sale esta idea? 

Vivimos en un mundo que no nos prepara eficientemente para desarrollar las capacidades que necesitamos como seres humanos. Es decir cómo cuidar de nosotros mismos porque si no podemos cuidar bien de nosotros mismos tendremos problemas en todos los aspectos de la vida: nuestra salud, nuestra carrera profesional, en la educación de nuestros hijos, nuestras relaciones de pareja... todo. 

Mi padre se moría, tenía un cáncer terminal y mi madre me dijo que me fuera preparando. Tenía solo 15 años y cuando murió la gente me preguntaba como estaba. No estamos preparados para hablar de la muerte. Tendemos a la negación y hacer como que no pasa nada. 

Cuántas veces nos preguntan al dia ¿como estas? es una pregunta de cortesía, de la que normalmente nadie quiere escuchar una respuesta sincera. Vivimos absortos en nuestros problemas y a la vez en negar las emociones negativas. Nadie quiere escuchar decir al otro. Pues estoy mal, muy mal. Hoy he tenido un dia de mierda y quiero que todo desaparezca. No, la gente responde: Estoy bien y ¿tu?. Me parece algo curioso porque es algo que siempre he odiado y para evitar quedar como una maleducada solo respondo: bien automáticamente, pero nunca sigo con la siguiente cortesía, ¿y tu? porque la otra persona tampoco será sincera así que me lo ahorro. Si realmente quiero saber como esta alguien, se lo preguntare en serio, posiblemente cuando la conversación de pie a ello. 

¿Es lo mismo que la inteligencia emocional? 

La inteligencia emocional es un tipo de inteligencia, como puede ser la espacial, o las matemáticas, etc. No tiene relación con los valores de cada persona. Puedes tener mucha inteligencia emocional y usarla para manipular a la gente, comprender las emociones propias y ajenas no quiere decir que vayamos a utilizarlas siguiendo una moral o unos valores. Otra diferencia primordial es que con la popularización de la inteligencia emocional mucha gente cree que la inteligencia emocional consiste en controlar sus emociones y creen ser capaces de ello.

Cuando alguien empieza a decirse: no soy feliz en mi trabajo, pero al menos tengo un trabajo, así que no debería sentirme mal. Lo que sucede es lo que los psicólogos llaman amplificación. Cuando intentamos controlar nuestras emociones estas acaban por volver fortalecidas y acabamos por actuar de maneras que no queríamos.  

A mi la amplificación me recuerda a cuando te dicen que no pienses en un elefante blanco, o cuando no quieres comerte algo riquísimo porque estás a dieta, lo niegas lo niegas y al final del ansia que te da, te comes todo lo que encuentras por el camino. A veces es mejor pensar directamente en el elefante blanco, decir ok ahi esta y seguir adelante en vez de obsesionarte con él. O cuando te mueres de ganas por ese trozo de pastel o esas patatas fritas, lo mejor es que te comas una ración pequeña y listo, porque seguramente si lo evitas luego sea peor. 

La agilidad emocional trata de estar abiertos a nuestras emociones y aceptarlas. Ser compasivos con nosotros mismos, precisamente porque no solemos sentir muchas emociones por aquellas cosas que no nos importan. 

 ¿Qué papel tiene la escritura en esto?

Hay 4 puntos clave en la agilidad emocional. 

1. Exteriorizar

2. Alejarse

3. Nuestro porque

4. Avanzar 

La escritura es clave a la hora de exteriorizar las emociones. Es una forma de decir aquí estoy, esta soy yo, mis emociones, mis recuerdos y mis vivencias. 

Ayuda a ordenar esa maraña de pensamientos y sentimientos que no sabemos como expresar. Porque nos han enseñado a taparlos hasta olvidarnos de que están ahí. 

Cuando conté que habían abusado de mí en la infancia, una de las preguntas que hicieron fue: ¿porque lo cuentas ahora?, han pasado muchos años. Es muy simple, para exteriorizar ese dolor. No puedo cambiar el pasado pero si como me siento al respecto. 

Con la escritura puedes escribir como si no lo fuera a leer nadie. No te pones nervioso ni titubeas, no te tiemblan las manos ni la voz. Solo escribes y todas esas emociones salen y dejan de estar enquistadas. 

¿Cuantos poemas de desamor, de tristeza, de infancias rotas etc. hay?. Usamos el arte para reconciliarnos con nosotros mismos. 

Un ejercicio terapéutico que se usa en los casos donde el pasado se enquista es escribir una carta a tú yo pasado. O una carta a alguien que ya no está, diciendo todo lo que no te atreviste a decir, todas esas cosas que hiciste o hizo mal que  ahora harías diferente. Porque aunque no podemos cambiar el pasado, podemos reconciliarnos con el. 

En esta entrevista menciona un experimento muy interesante. Escogen a un grupo de personas con diversas dificultades y las dividen en dos. Ambos tienen que escribir 20 minutos al día, durante 6 meses. Un grupo tiene que escribir sobre cualquier cosa menos sus emociones y el otro justo lo contrario, escribir como se sienten. 

El segundo grupo al cabo de esos 6 meses había mostrado mejoría en depresión, ansiedad, relaciones sociales y laborales. Escribir nos ayuda a conocernos y categorizar nuestras emociones. Que siento, que puedo hacer con este sentimiento, porque me siento así. Al exteriorizar las emociones podemos encontrarles el sentido y comenzamos el camino para aceptarlas.

¿Cómo podemos practicar la agilidad emocional?

Debemos conectar con nuestras emociones, no apartarlas, no intentar ser siempre positivo, no dar por sentado las emociones, pensar cuales son y por que. Cuales son nuestros pensamientos y recuerdos, cuáles son nuestros valores. 

Entender que  vamos a vivir con tristeza, es normal. Nadie es feliz todo el tiempo. Estamos tristes porque nos importan las cosas. De esa emoción negativa, ¿que es lo que me importa?,  que me quiere mostrar, cuales son mis valores. Actuar acorde a ellos. No discutir con uno mismo, ser compasivos.  

No pensar que somos nuestras emociones,  en vez de decir estoy triste decir: noto que me siento triste, noto que me siento enfadado. 

Una cosa que me pasaba mucho con la depresión, incluso con la dislexia o la discapacidad era decir: soy una depresiva, soy disléxica, soy discapacitada. Como si no fuera una cosa que tuviera, si no algo inherente a mi. 

Sí, he tenido depresión, sí, tengo dislexia y sí, tengo una discapacidad. Pero no soy eso. No somos lo que hacemos, lo que tenemos, lo que nos pasa. No son lo que somos, es cierto que puede condicionarnos, pero no definirnos. 

Otra cosa que me parece muy interesante es que no hace falta romper con todo e irnos a vivir a una isla. Es intentar mejorar en las pequeñas cosas, poco a poco, seguir nuestros valores y lo que queremos conseguir. 

No es un: la semana que viene empiezo dieta y tiro toda la comida basura que tengo. Voy a adelgazar y tirare toda la ropa que ya no me vaya, porque no pienso volver a usar esa talla. La mejor forma para hacer esos cambios es hacerlo poco a poco y ir sintiéndonos cómodos con ellos. Tampoco vale el mañana empiezo, aprovecha el momento en el que te venga, esa fracción de segundo en la que dices: no estoy a gusto con esto, pues haz una pequeña cosa. 


Os dejo el enlace a la entrevista y al libro. Hasta el viernes.