La niña que soñaba con una navaja de marfil

Tenía 12 años cuando decidí que mi única salida era aquella vieja navaja. Era de mi abuelo, con empuñadura de marfil blanco. Su hoja era afilada, comenzaba ancha y se estrechaba por la punta haciendo una preciosa curva en el centro. No debía de medir más de 8 centímetros pero en mis manos parecía enorme. 

Tampoco importaba como fuera, para mí era perfecta. Perfecta para él, me había robado mi infancia, y cuando tuve el valor de decir BASTA, pidió más. Más a cambio de mi hermano.

—Si no eres tú será él —me dijo. y algo en mi se rompió otra vez. 

Pero ese verano iría preparada. Faltaban dos semanas cuando cogí la navaja a mis padres. Debía esconderla bien, si no, mi preciosa navaja de marfil desaparecería.

«Una niña no debe jugar con esas cosas habrían dicho mis padres» y la habrían escondido donde yo no pudiera cojerla.

Las navajas no es lo único con lo que las niñas no deben jugar, así que, qué importaba. Cogí mi maleta y vacíe mi armario ropero, comencé a doblar la ropa como si nada y si preguntaban diría que estaba preparándome para ir al pueblo, no mentía así que no se darían cuenta.

Cómo intuía qué pasaría, mi madre me preguntó qué estaba haciendo, yo respondí con sinceridad.

—Me preparo para ir al pueblo —dije.

—Hay cariño es pronto —dijo ella —.Además este año no iremos, mama ha discutido con la tia. No queríamos deciroslo porque se cuanto os gusta ir.

—¿No iremos? pero si tengo la maleta hecha —me quejé.

—No cielo, lo siento —me respondió —.Pero lo pasaremos bien aquí.

»¿Te ayudo a recoger?

—No, puedo sola —contesté secamente. 

En ese momento sentí rabia, quería hacérsela pagar, clavarle la navaja con los pantalones bajados y así me creerían.

—¿Cielo que hace la navaja del abuelo clavada en la pierna de tu tío? —me preguntarían —.¿Y porque tiene los pantalones bajados?

—Quería hacerme cosas malas —diría yo, con fingida inocencia, pues ya la había perdido toda. 

No podría deshacer el pasado, pero él no volvería a tocarme, ni a mi, ni a mi hermano ni a mi madre. A veces todavía sueño con esa navaja pérdida ahora en un vertedero. No puede conseguir ni venganza ni justicia,  perdi mi oportunidad,  igual que mi amada navaja de marfil que ahora se pudre entre basura por un descuido.